La suite del Hotel Majestic apestaba a lujo y secretos.Martina Navarro estaba de pie bajo la ducha, dejando que el agua caliente borrara el maquillaje, las mentiras y la rabia de siete años. Sus manos temblaban. No sabía si era por el frío o por lo que acababa de hacer en esa pista de baile, rodeada de cientos de personas, dándole un espectáculo a Ethan que le permitiera entender, de una puñetazo, todo lo que había perdido.Un beso.Solo un maldito beso de Christian Delgado y Ethan se había puesto blanco como la muerte.Se envolvió en la bata de seda blanca del hotel, aún mojada, sintiendo el tejido pegarse a su piel. Salió del baño y se encontró a Christian de pie en el balcón, observando la ciudad de noche. Llevaba solo los pantalones del traje. Su espalda era música: músculos tensos, cicatrices que contaban historias que ella no se atrevería a preguntar, piel bronceada que brillaba bajo la luz de la luna.—Viniste —dijo él recordando el momento sin voltearse.Su voz era peligrosa.
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