(NARRADO POR EIRA)El puerto de Elogsui se veía borroso a través del cristal del ferry. Tenía la mochila al hombro y el corazón encogido. Mi recuperación había avanzado lo suficiente como para que los médicos me permitieran volver a las aulas de Atenas, pero volver significaba dejar este refugio donde, a pesar de las peleas con mi padre y las verdades del abuelo, había sido inmensamente feliz con Keelen.Él estaba allí, de pie en el muelle, con el viento despeinando su cabello y esa mirada que parecía querer memorizar cada centímetro de mi rostro antes de que el barco zarpara.—Un mes, Eira —me dijo, tomando mis manos con una fuerza desesperada—. Solo dame un mes para terminar el informe final de la excavación y cerrar los asuntos pendientes con la junta. En cuanto entregue el último diario, iré a Atenas contigo. No voy a dejar que pases un semestre sola allí.Negué con la cabeza, sintiendo que las lágrimas empezaban a nublar mi vista.—No, Keelen. No puedes hacer eso —le dije, acari
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