C63. El heredero del rencor.
Sebastián Ferrari.Vi el jardín trasero de la villa, bañado por un sol que ya no calienta. Yo tenía seis años. Mi padre corría tras de mí sobre el césped recién cortado, riendo a carcajadas. Se agachó, me tomó por la cintura y me lanzó al aire. Recuerdo la sensación de libertad, de ser invencible en sus brazos. "¡Tú puedes, campeón, patea fuerte!", me gritaba mientras me enseñaba a golpear el balón. En ese momento, él no era el "monstruo de cristal" que decía mi madre; era mi héroe.Sentí un nudo en la garganta. Recordé cómo me cargaba sobre sus hombros para que yo pudiera alcanzar las naranjas de los árboles más altos. Sus manos eran grandes, seguras. No olían a incienso, olían a aire libre y a vida.Pero el recuerdo se pudrió pronto.La figura de mi madre apareció en el porche, vestida de negro, rompiendo la luz. Su voz, siempre cargada de una piedad que asfixiaba, cortó nuestra risa.—Sebastián, entra ya —ordenó ella, sin mirarlo a él y después en el interior de la casa me decía pa
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