VALERIAIntenté soltarme, dar media vuelta. Fue entonces cuando explotó. Con un movimiento rápido y fuerte, me detuvo del brazo y me atrajo contra su pecho. No fue un abrazo. Fue una captura. Su cuerpo, duro y tenso, se aplastó contra el mío. Una de sus manos se cerró en mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás hasta que mis ojos se encontraron con los suyos, dos llamas grises en la oscuridad.—¿Crees que no me atrevo? —gruñe, y su voz es puro fuego—. ¿Crees que no me muero por besarte cada puto segundo que estás cerca? Me enloqueces Valeria. Tu perfume, tu calor, tus miradas, tus palabras me torturan hasta morir… ¿sabes? a la mierda mis promesas…Y entonces me besa.No es un beso cualquiera, es una toma de posesión, es hambre de años contenidos. Es deseo, es rabia, es celos, es todo lo que no ha podido ser. Su boca devora la mía sin sutileza, sin romanticismo, con una violencia que me arranca un gemido ahogado. Sabe a café y a furia, a tabaco y a desvelo, a todo lo prohibi
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