SAMUELEntro por la cocina sin mirar atrás. Las piernas me tiemblan, las manos me tiemblan, todo tiembla. Subo las escaleras a toda prisa, tropezando dos veces, agarrado al pasamanos como si fuera lo único que me sostiene.Abajo, la música sigue sonando, mientras mi mundo acaba de hacerse mierda.Me encierro en la habitación, cerrando la puerta con un golpe seco y por fin, por fin, estoy solo. Me apoyo contra la madera y dejo que salga toda la rabia, la frustración, el nudo que llevo en el pecho desde que vi ese anillo. Las lágrimas me queman los ojos y esta vez no las detengo. Caen calientes, rápidas, mientras resbalo por la puerta hasta quedar sentado en el suelo.Quiero destruir algo, romper todo lo que encuentre, pero no puedo. Este cuarto no es mío. Me arrastro hasta la cama y me siento al borde. La respiración me sale entrecortada, como si me faltara el aire y entonces viene el recuerdo.Esta mañana, ella estaba aquí, conmigo, y nos amamos.Joder.Aprieto los ojos con fuerza,
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