La reunión la convocó Luciano para después de cenar.Sin agenda declarada. Solo: Despacho, los cuatro, a las nueve. Lo que en el idioma de Luciano era suficientemente claro: había algo que decir que requería la presencia de todos y no podía seguir esperando.Llegué puntual.Dante ya estaba en el sillón de la esquina, los brazos cruzados, mirando la librería con la concentración de alguien que no está mirando la librería.Sael estaba apoyado en el estante lateral con una taza de café que no parecía haber tocado desde que la recogió. Luciano detrás del escritorio, de pie, con esa postura específica suya que no era tensión sino alerta sostenida.Me senté en la silla frente al escritorio.Los cuatro en el mismo cuarto.La primera vez desde antes del bloque de los últimos días.Luciano abrió con información sobre el evaluador del Consejo, que llegaría en dos semanas. Recordatorio de los documentos que yo ya tenía —confirmación de que estaban completos, que la declaración de consentimiento
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