El evaluador se fue a las seis de la tarde.
Sin ceremonia. Sin anuncio. Simplemente en algún momento entre la última firma y el ocaso, la Voz Primera había dejado de estar en la hacienda.
Perla recogió las tazas del despacho sin decir nada.
Los tres hermanos se dispersaron hacia sus espacios habituales con esa eficiencia específica de las personas que han estado en tensión durante horas y necesitan procesarla en silencio.
Yo bajé al patio exterior.
No fue una decisión reflexiva. Fue la respuest