Valentina empujó la puerta principal de la mansión con el hombro. El bolso se le resbaló un poco, pero lo sostuvo. Estaba agotada. El día había sido largo, intenso, victorioso… y sin embargo, algo le faltaba.Apenas dio dos pasos dentro del recibidor, un torbellino de brazos pequeños la envolvió.—¡Mami! ¡Volviste! —exclamó Julián.Se lanzó a sus brazos con tanta fuerza que casi la hace retroceder. Valentina rió y lo abrazó fuerte, cerrando los ojos un segundo, disfrutando ese refugio.—Te extrañé mucho —dijo el niño, aferrado a su cuello.—Perdóname, mi amor —respondió ella, besando su cabello—. Estuve trabajando, pero no dejé de pensar en ti ni un segundo.Julián la miró con esos ojos que siempre lograban desarmarla.—¿De verdad?—De verdad. Y te prometo que este fin de semana será solo para nosotros.Besó su frente con ternura.—¿Podemos hornear galletas de chocolate? —preguntó él, dando pequeños saltos.Valentina sonrió.—Claro que sí. Serán el postre de la cena.El niño celebró co
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