En un rincón donde la exclusividad no se anunciaba, se respiraba. Alejandro y Valentina ocupaban la mesa más apartada, rodeados de un jardín vertical que perfumaba el aire con notas de jazmín y orquídeas frescas.
Valentina llevaba un vestido rojo que se pegaba a cada curva de su cuerpo. El escote bajaba lo justo para dejar ver la piel suave de su pecho y la falda tenía una abertura que mostraba sus piernas al caminar. Alejandro la miró y sintió el deseo subir de golpe.
Cada vez que sus ojos pasa