Aurora despertó con una sensación extraña en el pecho. No era dolor… pero tampoco paz.
Era tristeza.
Abrió los ojos despacio, mirando el techo de la habitación, escuchando a lo lejos el sonido del mar. Ese mismo sonido que, semanas atrás, le había parecido un regalo… ahora se sentía como una cuenta regresiva que no perdonaba.
—Se está acabando… —susurró, apenas moviendo los labios, como si decirlo en voz alta lo hiciera más real.
Se giró sobre la cama y abrazó la almohada con fuerza, enterrando