El sol de la tarde se filtraba por las ventanas del apartamento de Valeria, bañando la habitación en un dorado cálido. El niño jugaba en el suelo con sus bloques, pero su atención no estaba completamente en ellos. Cada tanto levantaba la vista hacia Lucas, que permanecía sentado en el sofá, observándolo con cautela.Valeria estaba de pie cerca de la cocina, vigilando la escena mientras trataba de aparentar normalidad. Su corazón se aceleraba cada vez que Lucas sonreía al niño, cada vez que le ofrecía ayuda para encajar las piezas o le leía un pequeño cuento improvisado con voz suave y paciente.El niño se acercó a Lucas con un bloque en la mano.—Mira, quiero que veas esto —dijo, con la inocencia que solo alguien de dos años podía tener.Lucas tomó el bloque y lo examinó, girándolo en sus manos antes de colocar una pieza a su lado.—Perfecto —murmuró—. Muy bien hecho.El niño sonrió ampliamente, orgulloso de su logro, y se acomodó a su lado. Por primera vez, hubo un silencio cómodo en
Ler mais