40. Dos luces de venganza
Los días siguientes parecieron girar más rápido de lo habitual. Desde que recibió la invitación oficial, Emma ya no pudo dormir con tranquilidad. En su pequeño y cálido estudio en Suiza, pasó noche tras noche ante la mesa de diseño, contemplando sus nuevos bocetos con una mezcla de nerviosismo y entusiasmo.Hoja tras hoja se esparcía por el suelo —cortes de vestidos, encajes delicados, tonos suaves como el rocío de la mañana. El tema que había elegido, Nature Reborn, no era solo un símbolo del mundo que estaba creando para su bebé, sino también de su propio renacimiento. Quería presentar algo puro, sereno y lleno de vida.James solía observarla en silencio desde la puerta. Sabía que Emma estaba dejándose llevar por la corriente de pasión que una vez la hizo brillar. Pero ahora había algo distinto: sus diseños ya no irradiaban una perfección fría, sino calidez y significado.Una noche, mientras la nieve caía suavemente tras la ventana, James se acercó y dejó una taza de chocolate calie
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