45. La verdad que no puede ser silenciada
Aquella mañana, Londres amaneció envuelta en niebla y destellos de cámaras. Frente al hotel donde se alojaba Emma, decenas de periodistas ya se agolpaban, esperando una declaración oficial de la mujer que se había convertido en el centro del escándalo.James estaba de pie junto a la ventana, observando a la multitud con la mandíbula tensa.—¿Estás segura de que quieres hacerlo? —preguntó en voz baja, casi ahogada por el bullicio exterior.Emma, sentada al borde de la cama, parecía tranquila. Llevaba un vestido negro sencillo y un abrigo largo gris. Su cabello estaba recogido con pulcritud, el rostro sin maquillaje excesivo. Su mirada era firme, demasiado serena para alguien que estaba a punto de abrir viejas heridas ante el mundo.—No tengo otra opción —dijo al fin—. Si el mundo quiere la verdad, la tendrá. Pero no la versión de Harry.James se volvió y caminó hacia ella.—Emma, no tienes que demostrar nada. Podemos resolverlo por la vía legal.Ella negó con la cabeza.—No, James. El
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