114. Un malentendido
James permaneció en la terraza más tiempo del que se dio cuenta. La luz del porche seguía encendida, iluminando la pequeña silla donde Ethan había estado sentado antes—vacía, ordenada, demasiado ordenada. En su mente, fragmentos de los acontecimientos saltaban y chocaban: el mensaje de Daniel, la media confesión de Harry, la sangre en la alfombra, la decisión de financiación alterada. Y ahora esto—la casa sin Ethan.Su mano tembló al tomar el teléfono y marcar el número de Harry.La llamada sonó. Una vez. Dos. Sin respuesta.—Contesta —murmuró James, con la voz quebrada. Lo intentó de nuevo. Nada.La ira ascendió—no explotando, sino infiltrándose—fría, concentrada. James se movió con rapidez hacia la sala, recorriendo el espacio con la mirada, luego hacia la cocina, la habitación de invitados. Nada. Se detuvo al pie de las escaleras, mirando hacia arriba como si el niño pudiera aparecer de la nada.—Lo siento, señor, pero antes Ethan estaba con el señor Harry en la terraza —explicó la
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