101. La línea que ya no era un límite
Emma no respondió de inmediato. Asintió lentamente, luego cerró los ojos, como si aceptara la respuesta de James al pie de la letra. Sin embargo, detrás de sus párpados cerrados, su mente funcionaba de forma distinta a lo habitual—más calmada, pero más alerta.James apagó la luz y se acostó a su lado. La rodeó con un brazo desde atrás, dejando una mano apoyada con suavidad sobre su vientre. Sus respiraciones fueron sincronizándose poco a poco, un ritmo que desde hacía tiempo era su señal de seguridad. Pero esa noche, James no se durmió rápido. Una larga lista giraba en su mente—nombres, fechas, firmas—y un temor volvía una y otra vez: tal vez ya era demasiado tarde.A la mañana siguiente, la tormenta volvió a llamar.Un correo del regulador llegó antes de que el sol terminara de salir. La solicitud de datos se había ampliado. El periodo de auditoría se extendía dos años atrás. Esto ya no era una consulta rutinaria—era una excavación. James respondió con una sola frase, elegida con cui
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