101. La línea que ya no era un límite
Emma no respondió de inmediato. Asintió lentamente, luego cerró los ojos, como si aceptara la respuesta de James al pie de la letra. Sin embargo, detrás de sus párpados cerrados, su mente funcionaba de forma distinta a lo habitual—más calmada, pero más alerta.
James apagó la luz y se acostó a su lado. La rodeó con un brazo desde atrás, dejando una mano apoyada con suavidad sobre su vientre. Sus respiraciones fueron sincronizándose poco a poco, un ritmo que desde hacía tiempo era su señal de seg