POV Camila El cuaderno marrón vuelve a mi casa el lunes.No es Leo quien me lo deja: es Sofía. Llega del colegio el lunes a las cuatro y media, suelta la mochila en el suelo del recibidor con el ruido habitual, y antes de ir a la cocina por la merienda, mete la mano en su propia mochila y saca el cuaderno marrón. No el suyo. Sofía no tiene cuaderno marrón. El de Leo.—Papá dice que se quedó en el coche.—¿Qué cuaderno?—El de Leo. El de las personas. Lo dejó en el coche el viernes y papá lo encontró ayer. Me dijo que te lo trajera.Lo cojo.—¿Leo no lo busca?—Leo dice que ya estaba donde tenía que estar.Sofía va a la cocina.Me quedo en el recibidor con el cuaderno en la mano.Lo abro.Las primeras páginas son las que ya conocía: las cuatro figuras debajo del árbol con la palabra nuestro. La figura sola con la palabra espera. Hojas sucesivas con variantes del mismo motivo: cuatro figuras, dos figuras, tres figuras. Distintas distribuciones. Distintos suelos.Hasta la mitad del cuade
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