Sofía pregunta el sábado por la mañana.Estamos en la cocina. Acabamos de desayunar. Yo estoy fregando los platos. Sofía está en la mesa terminando un dibujo del cole sobre los planetas. Leo está en el salón, en el sofá, leyendo el libro de los dinosaurios por enésima vez con la concentración intacta de las primeras lecturas.La cocina del apartamento un sábado a las diez de la mañana en noviembre tiene la calidad específica de los sábados sin urgencias: la luz del invierno entrando lateral por la ventana, el café todavía caliente en la cafetera, el ruido del agua del fregadero, la radio en volumen bajo del programa de música de la mañana.Sofía levanta la vista del dibujo.—Mamá.—Sí.—¿Papá y tú vais a casaros?El plato se queda en mi mano debajo del agua.No giro la cabeza. No la giro porque si la giro se notaría que el plato se quedó en mi mano debajo del agua. Pero el plato sigue ahí, debajo del agua, sin moverse, durante un segundo que sé que es un segundo demasiado largo.Cierro
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