Leo cumple cinco años el viernes.Camila lo sabe desde hace semanas. La fecha está en el calendario de custodia, en el corcho de la cocina y en el teléfono. También la sabe de otra manera: de la manera en que un cuerpo sabe las cosas que importan sin que el calendario tenga que recordarlas, con la presión específica en el pecho que no es dolor sino peso, el peso bueno de las cosas que cuentan.El primer cumpleaños de Leo que ella va a ver.El primer cumpleaños de Sofía también, porque los gemelos comparten la fecha como comparten todo: de manera completamente diferente.La tarde del jueves, con los niños en casa de Camila, Leo saca el cuaderno y lo abre en una página en blanco.No dibuja todavía.Solo mira la página.Camila, desde el escritorio:—¿Qué hay en esa página?—Todavía nada. —Una pausa—. Mañana.—¿Qué pasa mañana?Leo la mira con los ojos que lo ven todo antes de que los demás se den cuenta de que hay algo que ver.—Que cumplimos cinco.—Sí.—Y las páginas de antes del cinco
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