El miércoles por la tarde.
La sala de reuniones del edificio adyacente huele diferente ahora que el proyecto está en fase de cierre formal: ya no hay polvo de obra ni barniz fresco. Huele a papel y a café y a algo que se parece al final de algo. Los planos que quedan sobre la mesa son los de mantenimiento y garantía, que son los planos más aburridos de cualquier proyecto y que existen para que dentro de diez años alguien sepa qué hay dentro de las paredes.
Diego llega a las cuatro. Camila ya es