XIMENA—Amor, por favor, abre los ojos, te prometo que nos casaremos, él bebe, está a salvo, por favor, despierta, no quiero que mi hijo crezca sin padre—; Ximena lloraba por su amado, quien llevaba cuatro días en coma.—Amor, espero que sea verdad tu palabra y que no sean promesas a un moribundo—; Ángelo abrió lentamente los ojos.—De acuerdo, mi amor, por supuesto, nos casaremos; en bien terminé de estudiar, ya falta poco para graduarme, tú lo sabes.—Listo, mi amor, así lo haremos. Ximena, por favor, ven conmigo a mi casa; volvamos a vivir juntos.—Si mi bebé como quiera, yo quiero, estoy de acuerdo.Pasaron los siguientes meses en su casa al cuidado de sus doctores hasta que Ángelo se recuperó por completo. Le tocó retomar los negocios para suplir la demanda vacía del cartel de Max. Fueron unos días agotadores, hasta que habló con su abuelo: —Ya no quiero seguir con los negocios ilegales, abuelo, por favor, compréndeme.—Es que los negocios ilegales son los que más dinero dejan. C
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