XimenaElla no se podía mover. Sentía que se ahogaba. Por un momento tuvo fe en que Ángelo, aparecería de la nada a golpear a este tipo, pero eso era improbable, debido a que ya no eran nada. Estas emociones revueltas desencadenaron que las lágrimas se desbordaran. Erik las vio o las sintió y se levantó agarrándose la cabeza con ambas manos, dio varias vueltas como si fuera una modelo en pasarela, para terminar arrodillado frente a ella y le suplicó: —Perdón, Ximena, malinterpreté todo y me dejé llevar por el deseo. Considere que te estabas haciendo la difícil, hay mujeres que lo hacen. Además, tú empezaste. Ya me estaba quedando dormido cuando sentí sus manos inquietas.Ximena se sentó en la cama, tapándose con las sábanas, se limpió las lágrimas con sus manos, intentó mirarlo para contestarle, pero su vista se le nublaba por el llanto; solo le dijo esto: —Tienes razón, aunque eso no te disculpa tu comportamiento de loco. Aunque, la verdad, sí quería, en parte, pero es que aún no olv
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