Ximena—Vivían, no puedo creer que estés siendo tan grosera; mereces un grave castigo—. Angelo anunció con gran furia.—Ángelo, por favor, discúlpala, está muy borracha; mejor que me siga diciendo a que te dedicas realmente.—Ximena, eso no es disculpa de cómo te trato, tú eres su patrona; si quieres la pongo de patitas en la calle de una vez por todas.—Tranquilos jefes, Yo sola me reportaré con don Luis; le pasaré mi carta de renuncia; por favor, me disculpan.—Bien, quedamos otra vez solos, profesor Ángelo, ahora si me puedes contar la verdad, igual ya la sé.—Si ya sabes para qué me preguntas, Ximena, no le veo la necesidad de confrontarnos.—Ángelo, es que no sé realmente lo que eres, ¿acaso un asesino criminal? ¿Corrupto?, ¿un ladrón internacional? Ya lo sé: un terrorista o peor, ¿acaso un mafioso?—No, Ximena, yo no soy nada de eso—, Ángelo le miente por temor a perderla.—Entonces dime, no creo que un profesor sea tan hábil con la pistola y conduciendo, al menos, uno de psicol
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