ALBERTO—Espera Mariana, yo te amo, te amo solo a ti. ¿Qué es esta niebla? Y ¿por qué tengo tanto sueño? Algo anda mal, no me puedo dejar, debo pedir ayuda, ¡que alguien me ayude!—Lobo asqueroso, nadie te va a escuchar, mejor duérmete que serás mi alimento, duerme para siempre.—Eres un iluso, ente asqueroso; no me daré por vencido tan fácilmente, y menos cuando mi movimiento me necesita.—El iluso eres tú, lobo pulgoso; se te olvidó que ella te mandó al botadero. Ji, ji, ji, ji—Déjate ver, cobarde, para quitarte esa sonrisa.—Si tanto quieres ver mi hermoso ser, entonces para darte gusto me mostraré ante ti, aunque te advierto no te vayas a enamorar—, de entre los arbustos salió una enorme araña del tamaño de un dóberman.—Qué repulsivo eres, y eso que me agradan los arácnidos, una vez tuve un escorpión de mascota—, Alberto se transformó en lobo y le enseñó los colmillos para persuadirlo a que retrocediera.La araña continuó caminando como si nada sucediera y, enseñando los colmill
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