ALBERTO—Ya alcanzo a oler a los cientos de indígenas de ese poblado; según la información de Simón y Ximena, hay se encuentran las cárceles en donde tienen secuestradas a mi madre y a mi hermano.—Señor, con todo respeto, ¿eso es lo que lo tiene nervioso?—No, Wilson, o tal vez, es que no sé cómo reaccionar al reencontrarme con ellos, no sé si lloraré al ver a mi madre y, sobre todo, me hace falta Mariana; le rogué mucho a mi padre que la asignara a mi equipo—, Alberto suspiró deteniéndose, intentando separar las fragancias del caserío.—Jefe, pues eso no lo debe acongojar, usted puede reaccionar como quiera, ninguno de nosotros lo juzgará, entendemos que no la ve desde pequeño y por lo otro, pues—. Wilson dejó su conversación a medias, recordando que su esposa lo regañaba por ser imprudente.—Eso sí que no, Wilson, no soporto la gente que evita decirme las cosas; me parece que he demostrado que soporto la crítica constructiva—, Alberto se situó delante de su acompañante para evitar
Leer más