El clavo ya estaba ahí.
Laura lo notó antes de notar nada más. El clavo, vacío, en la pared del despacho, a la derecha de la mujer del avión. Como si la pared hubiera estado esperando una cuarta imagen desde el principio. Como si alguien, hace años, hubiera dejado ese espacio libre a propósito.
No lo había dejado a propósito. Pero ahí estaba.
Cogió el marco. Pequeño, sencillo, el que había comprado esa misma mañana en la tienda de Fuencarral porque la foto merecía algo mejor que un clip en la n