La Navidad de ese año fue la primera con todo el mundo.No con todo el mundo en el mismo sitio al mismo tiempo, que era una expectativa que ninguna familia de ese tamaño podía sostener logísticamente. Sino con todo el mundo en el piso de Chamberí en momentos distintos del mismo día, que era la versión real de la Navidad: no la foto de grupo perfecta sino el flujo de personas que llegan y se van y que hacen que la casa huela de maneras distintas a lo largo de las horas.Laura y Valentina cocinaron juntas desde las diez de la mañana.Álvaro y Don Raúl llegaron a las doce con las compras que faltaban y con una discusión sobre la temperatura del horno para el pavo que llevaba, según ellos, quince minutos pero que según Valentina llevaba cuarenta porque Valentina tenía la capacidad de escuchar conversaciones desde cualquier habitación de la casa cuando la conversación era sobre cocina.—Ciento ochenta grados —dijo Valentina sin girar la cabeza del punto donde estaba cortando.—Yo lo pondrí
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