La amistad entre Valentina y Don Raúl nadie la planeó.
Empezó con una llamada.
Don Raúl había llamado a Laura un jueves y Laura no había podido contestar porque estaba en una reunión de tres horas con los inversores japoneses del proyecto Tokio. Cuando salió, tenía cuatro llamadas perdidas: dos de Don Raúl y dos de un número que tardó en reconocer.
El número de Valentina.
Los había llamado a los dos y los había encontrado hablando.
—Estaba llamándote —dijo Don Raúl al teléfono— y como no contes