La Navidad de ese año fue la primera con todo el mundo.
No con todo el mundo en el mismo sitio al mismo tiempo, que era una expectativa que ninguna familia de ese tamaño podía sostener logísticamente. Sino con todo el mundo en el piso de Chamberí en momentos distintos del mismo día, que era la versión real de la Navidad: no la foto de grupo perfecta sino el flujo de personas que llegan y se van y que hacen que la casa huela de maneras distintas a lo largo de las horas.
Laura y Valentina cocinar