Los testimonios de las tres mujeres llegaron impresos a la firma el jueves por la mañana.Bruno los había transcrito a partir de las declaraciones grabadas, con la precisión legal de quien sabe que un documento tiene que ser preciso antes de ser poderoso. Cuatro páginas por testimonio. Doce páginas en total.Álvaro las leyó en su despacho con la puerta cerrada.Nadie supo exactamente cuándo empezó a leerlas. A las nueve y media la puerta estaba cerrada. A las dos de la tarde seguía cerrada. A las seis, cuando Pati fue a preguntarle si vendría a la reunión de las seis y cuarto, la luz seguía encendida pero nadie contestó al llamar.Pati lo dejó estar.El viernes la puerta seguía cerrada.Laura dejó un café en el fijador de la puerta a las diez de la mañana. A las doce, cuando pasó de nuevo, el café había desaparecido. La taza estaba en el suelo del pasillo, vacía, con el asa apuntando hacia dentro como si alguien la hubiera dejado sin mirar.El sábado por la mañana, Álvaro salió del de
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