Valentina entró a quirófano a las siete y cuatro minutos.Laura lo vio por la ventana de la sala de espera de la planta de cirugía: la camilla entrando por las puertas batientes de acero inoxidable, Valentina con el gorro quirúrgico verde que hacía que todos parecieran iguales, la mano levantada en un gesto pequeño y breve que era a la vez un adiós y una instrucción.Quédate ahí. Ahora me toca a mí.Las puertas se cerraron.Laura se giró.Álvaro estaba de pie junto a la ventana. Había llegado a las seis y cincuenta, antes que nadie, con dos cafés de la máquina del pasillo y el abrigo todavía puesto. No lo había invitado. No había hecho falta invitarle.Ivette llegó a las siete y diez, con el pelo recogido a medias y esa expresión de quien salió de casa más rápido de lo que había planeado. Llevaba una bolsa de plástico con cruasanes de la pastelería de la esquina que nadie comió pero que existía porque Ivette necesitaba llegar con algo en la mano.Y a las siete y media, cuando Laura ya
Leer más