—Ary, cuando un hombre empieza a elegir de quién aprender, tal vez todavía no merece entrar… pero ya dejó de parecerse al pasillo que lo expulsó.Aryanna no respondió.No porque no tuviera palabras.Porque tenía demasiadas.La frase de Emilia quedó entre ellas, al lado del sobre blanco, la planta espinosa y la lámpara apagada. Afuera, la noche seguía quieta. Dentro de la casa Salvatierra, todo parecía estar esperando que alguien se equivocara: una silla mal movida, un llanto mal contenido, una esperanza mal nombrada.Silvain no estaba.Y aun así, había vuelto a ocupar aire.No por invadir.No por pedir.Por aprender lejos.Eso era lo más injusto de todo.Antes, Aryanna podía defenderse de él con rabia. La rabia era una puerta sencilla. Se cerraba fuerte y ya. Pero ahora Silvain no estaba emp
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