—Si quiere explicarme por qué se fue del pasillo, primero tendrá que escucharme decirle cuánto tardé en dejar de esperarlo detrás de una puerta que él ni siquiera sabía que era mía.
Aryanna no corrigió a Emilia.
No la abrazó de inmediato.
No dijo que aquello estaba bien, porque no lo estaba. Tampoco dijo que Silvain debía escucharlo, porque esa decisión no le pertenecía.
Solo se quedó frente a la puerta blanca, mirando a su hermana sostener el marco con una mano y el tope de madera con la otra,