Mundo de ficçãoIniciar sessão—No la apagues tú.
Teresa se quedó con la mano suspendida sobre el interruptor de la lámpara.
La sala estaba a media luz. La casa olía a café recalentado, pintura seca y pan dulce del día anterior. La lámpara de B-12 seguía sobre la mesita baja, fea, amarilla, con la pantalla rayada y una dignidad que ninguna de ellas sabía dónde poner.
Emilia estaba en el umbral del pasillo.
No gritó







