Mundo de ficçãoIniciar sessão—La otra… es de un Beaumont que la ayudó a sostener el cincel.
Inés dejó de leer.
La frase se quedó en el porche como una piedra arrojada contra vidrio.
Aryanna no se movió.
Emilia sí. Dio un paso hacia Inés, con los brazos cruzados, el rostro pálido y esa mirada nueva que ya no aceptaba cuentos completos solo porque venían envueltos en tragedia.
—¿Qué Beaumont?







