—Porque Lucien dice que si Silvain quiere elegir de quién aprender su apellido, primero debe escuchar por qué los Beaumont nunca perdonan a las mujeres que vuelven por una Salvatierra.Nadie habló.Ni siquiera Céline.Eso fue lo peor.La casa Salvatierra había aprendido a sobrevivir con ruido. Con ironía, cucharas, pasos, llamadas, pan mal hecho, frases pegadas en la pared. Pero ese silencio cayó entero, pesado, con olor a despacho viejo.Aryanna miró el teléfono de Inés como si Lucien pudiera salir de la pantalla.Silvain tenía que estar presente.Claro.Lucien no quería declarar.Quería montar una escena.Quería poner a Silvain del otro lado de una frase, a Aryanna del otro, y hacer que una historia antigua empujara el presente hasta deformarlo.Emilia fue la primera en reaccionar.—No.
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