—Todavía quiero escuchar a Silvain algún día —dijo Emilia—. Pero antes quiero escuchar a la mujer que sabía mi nombre cuando yo ni siquiera sabía si seguía siendo alguien.
Al día siguiente, nadie desayunó bien.
Lo intentaron, como siempre.
Teresa tostó pan. Céline declaró que el café estaba “emocionalmente aguado”. Emilia eligió su plato verde y lo dejó frente a ella sin tocarlo durante diez minutos. Aryanna cortó una manzana en pedazos demasiado pequeños hasta que Teresa le quitó el cuchillo c