Capítulo 108. Casa sin voz.
La casa estaba en silencio cuando Eliot cruzó el umbral. No era un silencio apacible, de esos que invitan al descanso, sino uno tenso, demasiado ordenado, como si todo se hubiera reacomodado para funcionar sin él. No había risas infantiles, ni pasos apresurados en el pasillo, ni el murmullo constante que solía acompañar las noches desde que Eriss había llegado a sus vidas.Llevaba en la mano un pequeño ramo de flores boca de dragón. Las había elegido sin pensarlo demasiado, o quizá pensándolo demasiado bien. Eran simples, elegantes, y su nombre siempre le había parecido una coincidencia íntima, casi un guiño privado.Subió las escaleras con el ramo apretado entre los dedos, repasando sin orden lo que quería decirle. No encontraba una frase perfecta, pero confiaba en que, una vez frente a frente, las pala
Leer más