Capítulo 110. Medidas desesperadas.
La habitación de Shun estaba bañada por una luz blanda que se filtraba por las cortinas claras. El aire era tibio, cargado apenas con ese dulzor tenue que dejaba un omega en ciclo cuando ya había pasado el punto más alto: presente, envolvente, pero sin imponerse. No era un aroma que gritara, sino uno que invitaba a quedarse.Théon irrumpió sin tocar, como de costumbre. Shun salió del baño en ese momento, con el cabello aún húmedo, secándose con la toalla apoyada sobre los hombros. Al verlo, rodó los ojos.—Fui a la pastelería —anunció apenas entró, levantando la pequeña caja que traía en la mano—. Te traje algo rico.—Otra vez bizcochos… ¿me estás engordando?—No seas desagradecido —murmuró—. Te traje los rollitos que te gustan.Théon cerró la puerta con el pie y se le fue encima sin ceremonia, rodeándole la cintura con un brazo.—Hueles muy bien —dijo sin vergüenza, inclinándose para aspirar el aire cerca de su cuello—. Quiero devorarte.—Ay, no... Estás muy intenso hoy —protestó Shu
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