Capítulo 119El trayecto de regreso al penthouse se sintió denso. La lluvia, que hasta hace unas horas parecía un castigo, no era más que un rocío contra los cristales del coche, un sonido que empezaba a perder su fuerza frente a la tormenta interna que Miguel llevaba consigo. Conducía con una mano sobre el volante y la otra perdida en el bolsillo de su chaqueta, donde la pequeña unidad de memoria, ese pedazo de plástico que contenía la caída definitiva de su padre, se sentía como un peso vivo, cargada con el potencial de incinerar todo el legado de los Ríos. Pero, a pesar de la gravedad de lo que portaba, su mente estaba en otra parte. Estaba perdida en el recuerdo de Sofía, en el vacío que había dejado en su apartamento, y en la imperiosa necesidad de recuperar lo único que, en medio de aquel naufragio, le permitía seguir respirando.Cuando el ascensor se abrió y entró en el salón, el silencio le dio la bienvenida, pero no un silencio vacío; sino uno cargado de expectativas, de pa
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