Elena no tuvo más opción que ceder, despidiéndose de su hija con un beso y prometiendo que “se portería bien”. ¡Vaya cosa!En el auto, Xander iba sentado a su lado. Acababa de comprobar que cuando ese hombre decidía algo, era como intentar mover una montaña.Xander estiró el brazo sobre el espacio que los separaba en el asiento trasero, buscando su mano hasta sujetarla con firmeza. Aunque ambos se mantenían en extremos opuestos del auto, como una pareja casada que enfrentaba serios problemas maritales, ese sutil agarre acortó la distancia.El ligero apretón del hombre parecía decirle: «Cálmate, no va a pasar nada malo. Solo quiero acompañarte».Suspiró y se acercó, recostando la cabeza sobre el hombro de él, mientras el chofer seguía la ruta hacia el estudio de arquitectura. El trayecto se hizo corto de esa forma, estando tan cerca el uno del otro, sintiendo como Xander, acariciaba su cabello hasta casi dejarla dormida.De repente, el auto se detuvo y él le susurró con suavidad:—Y
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