ValentinaUn año después.Estaba sentada en el suelo de mi taller dibujando un vestido cuando Adam entró sin tocar.—Tengo una pregunta —dijo tirándose en el sofá con la familiaridad de un hombre que lleva meses entrando sin tocar y que ya no pretende cambiar.Pero ya estaba acostumbrada a su actitud, arrogante, altruista, tierna, amorosa, gentil. Todo eso era Adam Fox—Dime.—¿En qué momento pasamos de "no de paciencia" a esto?—¿A qué?—A que tengo un cepillo de dientes en tu baño, una guitarra en tu sala, la mitad de mi ropa en tu clóset y a tu padre llamándome "hijo" cuando me ve llegar.—Fue gradual.—Fue rapidísimo.Me reí. Porque tenía razón. Lo que empezó como un "espérame" se convirtió en cenas que terminaban tarde, en mañanas que empezaban juntos, en una llave de mi apartamento que le di "por si acaso" y que usaba todos los días. Nunca hubo una declaración formal. Nunca hubo un "¿quieres ser mi novia?" con flores y rodilla en el suelo como hizo Adonias. Solo pasó. Como las m
Leer más