Encontramos a Ethan en el pasillo del segundo piso del hospital. Estaba de pie, recargado contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada en el suelo. Deivyd estaba a su lado, sentado en una silla de plástico, con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos.Me acerqué a Ethan. Él levantó la mirada y lo vi. El hombre más estratégico que yo conocía, el que siempre tenía un plan, el que nunca se permitía mostrar debilidad, estaba roto.—Se acabó —dijo con una voz que sonó hueca—. La única persona que podía demostrar mi inocencia está muerta, Génesis. La única testigo. La única prueba viva. Se fue.Lo abracé. Lo abracé con fuerza, rodeándole la cintura, apretando mi cara contra su pecho, sintiendo cómo su corazón latía demasiado rápido, demasiado fuerte.—No se acabó —le dije contra su camisa—. Escúchame. Vamos a buscar la manera. Tenemos los videos, tenemos la declaración de Herrera, tenemos los registros financieros. Ana era importante, sí. Pero no era lo único que te
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