NOHA
Miré el teléfono durante diez minutos antes de escribir el mensaje.
Diez minutos. Sentado en una de esas sillas incómodas del aeropuerto, con la maleta a mis pies y el café enfriándose en la mano, buscando las palabras exactas para despedirme de una mujer a la que no quería decirle adiós.
Escribí cinco versiones. Borré las cinco.
La primera decía: “Me voy. No debí quedarme tanto tiempo”. Demasiado brusco. La segunda: “Gracias por todo, Leyla. Voy a extrañarte”. Demasiado honesto. La tercer