GÉNESIS
El apartamento de Leyla olía a café recién hecho y a esa vela de vainilla que ella encendía cada vez que necesitaba "resetear su energía", como decía. Yo estaba sentada en su sofá con las piernas cruzadas, una taza entre las manos y la sensación de haber corrido un maratón emocional sin zapatillas.
Le conté todo. Desde la cachetada de mi madre hasta la cara de Danilo cuando le desmoroné la fachada frente a sus padres. Cada detalle. Cada palabra. Cada silencio.
Leyla escuchaba con los oj