NOAH—Déjame ver si entendí —dijo Alec, reclinándose en la silla de mi oficina con una sonrisa que me daban ganas de borrarle de un puñetazo—. Tu asistente, la rubia americana, entró a tu oficina, te sirvió tragos, bailó para ti, te quitó la camisa, te empujó a un sillón, y justo cuando pensabas que iba a pasar la mejor noche de tu vida… te robó las llaves del auto y se fue.—Así es.Alec me miró un segundo. Después se rio. Con una carcajada que le sacudió todo el cuerpo, que le hizo golpear la mesa con la palma de la mano y que probablemente se escuchó hasta el estacionamiento. Tuve que llamarlo para que viniera por mí, pero ahora me arrepentía.—¡Es la mejor historia que he escuchado en mi vida! —exclamó, limpiándose los ojos—. Noha Hall, el hombre que controla imperios, que negocia millones sin parpadear, que nunca pierde la compostura… seducido y robado por su propia secretaria. Esto es oro. Oro puro.—Me alegra que te divierta —respondí con sequedad.—¿Divertirme? Amigo, voy a co
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