Génesis
Desperté con el sol entrando por la ventana y una mano tibia sobre mi vientre.
Ethan estaba a mi lado, con los ojos ya abiertos, acariciando mi barriga con esa suavidad que siempre me sorprendía viniendo de un hombre con manos tan grandes.
—Buenos días, bebés —susurró contra mi vientre—. ¿Durmieron bien? Porque su mamá roncó toda la noche.
—No ronco —murmuré con los ojos entrecerrados.
—Roncas. Pero es un ronquido elegante. Con clase.
—Ethan Fox, son las siete de la mañana. No empieces