Mirando aquel filete, la pasta y la ensalada, se sentó a disfrutar de esa cena en plena soledad. Su servidumbre jamás lo acompañaba, aunque les brindaba la confianza, no parecían tener la intención de rebasar la línea entre señor y sirviente. Estar siempre tan solo pesaba; era una reprimida carga terriblemente insoportable que le oprimía dolorosamente el pecho, y no deseaba seguir así. Recordando a aquella muchacha del avión, recordó aquella sensación que tuvo al verla. No la conocía, por supuesto que no, pero algo dentro del lugar más recóndito de su atormentada mente y su dolido corazón, reaccionó al mirarla. Era como si, de alguna manera, la conociera.¿Quién era ella?En la playa, Aitana caminaba descalza sintiendo la arena picando sus pies. Estaba borracha; con solo algunos shot de Tequila había sido más que suficiente para que se le subiera el alcohol como nunca antes. Ciertamente, no era una experta bebedora empedernida, y aquella era de hecho, la primera vez que bebía. Se le h
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