GaelMi amor estaba de rodillas, agotada, herida y parecía esperar que todo se derrumbara. Atrás, Tiziano peleaba con los lobos, pero aquello ya era un sálvese quien pueda.—¡Ahora! —gritó Iker. Nora cayó a un lado, exhausta, sangrando de un brazo. No tenía fuerzas ni para apoyarse, lo que ella había logrado, herida, sin su loba al cien por ciento era... extraordinario. —¿Gael?… —susurró sin poder creerlo. —No puede ser… tú…—Vern, sujétate a mí —le dije mientras la cargaba.Una nube de humo subía, el polvo y las piedras caían. Tenía que moverme rápido. El suelo comenzó a sacudirse y sentí el calor bajo mis pies. La cargaba con uno de sus brazos sobre mis hombros y mi otra mano sosteniendo sus piernas.—Ahí, una cueva, tiene que llevar afuera—indicó Iker hacia lo que parecía ser una salida.—¿Escaleras? —susurré, nervioso, cuando avancé por la ladera inestable de la montaña, entre humo espeso, grietas incandescentes y trozos de piedra que seguían desprendiéndose desde lo alto—. ¿Cómo
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