Gael
Ella estaba mejor; sus pies, su piel, su brazo, la herida casi cerrada, aun cuando percibía a su loba muy lejos. Temí que su recuperación no fuera completa.
—Claro que está mejor —gruñó mi lobo—. Solo nosotros sabemos cómo cuidarla. El vínculo, las plantas…
Era una fortuna haber encontrado lo que necesitaba por aquí. Este lugar era extraño y, sin embargo, aquí crecían algunas de las hierbas más importantes.
—Son… tus ojos —susurré mientras la bajaba al suelo. Incluso bajo la suciedad y la