La casa dejó de ser hogar y pasó a ser territorio.
Cada rincón tenía una tensión distinta, una grieta diferente, un silencio que pesaba más que el anterior.
Elara evitaba a Rowan, no solo físicamente, sino que emocionalmente también.
Si él entraba, ella salía, si él hablaba, ella callaba, si él la miraba, ella ya no sostenía esa mirada como antes y eso, para Rowan, era peor que cualquier grito porque el enojo podía enfrentarlo, pero la distancia no.
—Esto no está funcionando. —Murmuró Rebecca,